Un año más nos visitó San Valentín, con la mirada liberal de siempre. A penas le vi pasar por las rendijas de la ventana. Yo, mujer solitaria, sin amores a la vista y viento en popa a toda vela, reniego del amor pasajero. Y en la estación volátil donde me reúno con la soledad le espero, a él. Hombre de muchas palabras, de poco tiento. Hombre alado que me lleve de viaje por el cielo de las noches y el cielo de los días.

LA CLAUSURA INTERMINABLE...2ª PARTE.

Sonsoles se acomodaba en un pequeño habitáculo con baño empotrado y un enorme crucifijo. Siempre había aborrecido los crucifijos, aquella representación macabra del Mesías.

-Sor Sonsoles.- Decía una voz en off, como recurso cinematográfico de un barato rodaje- Sor Sonsoles.

Acudió con urgencia al pasillo, donde la esperaba la madre Ángela con ese mirar rígido que portan las religiosas convencionales.

-Te presentaré a las hermanas.

Diez mujeres encanecidas asomaban sus arrugados rostros entre los hábitos. Mientras un escalofrío se colaba en el enteco torso de Sonsoles.

El día se perdió entre rezos y liturgias. Dando licencia al sopor, que desmedrado, cubría hasta los más ínfimos huecos del convento.

El cielo, enlutado, abrazaba a las estrellas. Jugueteando con ellas como un adolescente inquieto.

Sonsoles quitaba con sigilo los enseres de la maleta, mientras observaba la magnanimidad de la luna. Aquella luna apátrida, alcahueta de vocación. Aquella luna que ahora se le ocultaba tras las vidrieras, como un amante deshonesto.

Bajó la mirada a la maleta y, por un instante vio la flor de su enamorado. Nunca supo mirarla de ese modo. Nunca supo tocarla con esas manos. Con las manos de un alma vendida al ser eterno. De un alma que ya solo podría ver la luna a través de su pequeña ventana.

FINAL ABIERTO O TAN CERRADO COMO LA MENTE DEL QUE VENDE SUS SUEÑOS AL MEJOR POSTOR.